viernes, 26 de noviembre de 2004

Smedley Butler, le presento a John Perkins (By Cacho)

"La guerra es delincuencia organizada"


Russell Mokhiber y Robert Weissman (*)
Focus on the Corporation. EEUU, 22 noviembre del 2004.



¿Se acuerdan de Smedley Butler?
Tal vez ha sido el general de división más condecorado de la historia del Cuerpo de Marines: combatió y mató para Estados Unidos en todo el mundo a principios del siglo pasado.
Butler fue condecorado con dos Medallas de Honor del Congreso.
Después, cuando regresó a Estados Unidos escribió un libro titulado 'War is a Racket'(La guerra es delincuencia organizada), que comienza con estas memorables líneas: "La guerra es delincuencia organizada. Siempre lo ha
sido."

"Yo era un matón de clase alta para las grandes empresas, para Wall Street y para los banqueros -decía Butler-. En resumen: era un pistolero, un gángster del capitalismo."

En un discurso pronunciado en 1933, Butler dijo lo siguiente:"Ayudé a convertir México, especialmente Tampico, en un lugar seguro para los intereses petroleros estadounidenses en 1914. Ayudé a convertir Haití y Cuba en lugares decentes para que los muchachos del National City Bank recaudaran ingresos. Ayudé a violar a media docena de repúblicas de Centroamérica a beneficio de Wall Street. El historial de delincuencia organizada es largo. Ayudé a purificar Nicaragua para el banco internacional de los Brown Brothers en 1909-1912. Llevé la luz a la República Dominicana para los intereses azucareros estadounidenses en 1916. En China ayudé a procurar que Standard Oil siguiera su camino sin problemas."

Smedley Butler, le presentamos a John Perkins.

Perkins acaba de publicar un libro, 'Confessions of an Economic Hit Man'(Confesiones de un sicario económico) (Barrett Koehler, 2004).

Es La guerra es delincuencia organizada de nuestra época. Algunas de las cosas que dice son difíciles de creer. Juzguen ustedes.
En 1968, tras graduarse en la Universidad de Boston, Perkins se incorporó al Cuerpo de Paz de Estados Unidos y fue enviado a Ecuador. Ahí fue reclutado por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y contratado por una consultoría internacional, Chas. T. Main, de Boston.
Poco después de comenzar a trabajar en Boston, "se puso en contacto conmigo una mujer llamada Claudine que se convirtió en mi instructora para convertirme en un sicario económico".

Perkins dio por sentado que la mujer trabajaba para la NSA.(Agencia Nacional de Seguridad)

"Dijo que la habían enviado para ayudarme y darme instrucción -dice Perkins-. Es sumamente bella, sensual, seductora, inteligente. Su trabajo era convencerme para que me convirtiera en un sicario económico, ofreciendo estas tres drogas: sexo, drogas y dinero. Y después quiso hacerme saber que estaba metiéndome en un negocio sucio. Y yo no debía partir para realizar mi primer encargo, que era ir a Indonesia, y empezar a hacer esto sin saber que iba a continuar haciéndolo, y que, una vez que
estuviera dentro, lo estaba para siempre."

Perkins trabajó para Main desde 1970 hasta 1980.
Su trabajo era convencer a los gobiernos y los bancos de países del Tercer Mundo para que pidieran grandes préstamos para estos países destinados a proyectos de infraestructura.
Y una condición del préstamo era que una gran parte del dinero regresara a las grandes empresas constructoras de Estados Unidos: los Bechtels y Halliburtons.

Los préstamos hundirían a los países en deudas imposibles de devolver.

"El sistema está organizado de tal forma que los países están tan endeudados que no pueden devolver su deuda -dice Perkins-. Cuando el gobierno de Estados Unidos quiere algún favor de ellos, como votos en las Naciones Unidas o tropas en Irak, o en muchos, muchos casos, sus recursos -su petróleo, su canal, en el caso de Panamá-, acudimos a ellos y les decimos: miren, no pueden pagar sus deudas, así que vendan su petróleo a un precio muy bajo a nuestras compañías petroleras. Hoy se está ejerciendo una enorme presión sobre Ecuador, por ejemplo, para que venda su bosque
pluvial amazónico, lugares valiosísimos, muy frágiles, habitados por indígenas cuyas culturas están destruyendo las compañías petroleras."

Cuando el líder de un país se niega a colaborar con los sicarios económicos como Perkins, se llama a los chacales de la CIA.
Perkins dice que tanto Omar Torrijos, de Panamá, como Jaime Roldos, de Ecuador -con los que trabajó- se negaron a colaborar con Estados Unidos y ambos fueron asesinados por la CIA: Torrijos cuando estalló su avión y Roldos cuando explotó su helicóptero, con una diferencia de tres meses, en 1981.

Si los chacales de la CIA no hacen el trabajo, entonces se envía a los Marines: los "pistoleros del capitalismo" de Butler.
Perkins también da detalles escabrosos de cómo hizo de proxeneta para un príncipe saudí en los años 70, para intentar que la familia real saudí suscribiera un intrincado acuerdo en el que Estados Unidos protegería la Casa de Saúd. A cambio, los saudíes acordaban estabilizar los precios del petróleo y usar el dinero recaudado con el petróleo para comprar bonos del Tesoro, cuyos intereses se utilizarían para pagar a empresas constructoras estadounidenses como Bechtel para construir ciudades saudíes.
Durante años Perkins quiso dejar de ser un sicario económico y escribir un libro donde contarlo todo.

Dejó Main en 1980, sólo para ser atraído de vuelta con un dineral como consultor. Declaró a favor de la central nuclear de Seabrook ("mi encargo más infame") en los años 90, pero la experiencia le empujó fuera del negocio, y puso en marcha una empresa de energía alternativa. Cuando en los años 90 se supo que estaba escribiendo un libro donde lo contaba todo, el presidente de Stone & Webster, una gran empresa de ingeniería, se puso en contacto con él.

Durante siete años, Stone & Webster pagó a Perkins 500.000 dólares para
que no hiciera nada.

"En esa primera reunión, el presidente de la compañía mencionó algunos de los libros que yo había escrito sobre pueblos indígenas y dijo: "Eso está muy bien, siga haciendo su labor benéfica -nos dijo Perkins-. Aprobamos eso, pero sin duda nunca va a escribir sobre esta industria, ¿verdad? Y yo le aseguré que no lo haría."
Perkins da por sentado que el dinero era un soborno para que no escribiera el libro.

Pero lo ha escrito.

Juzguen ustedes.

(*) Russell Mokhiber es editor de Corporate Crime Reporter, con sede en Washington D.C. Robert Weissman es editor de Multinational Monitor, con sede en Washington, D.C. Ambos son coautores de Corporate Predators: The Hunt for MegaProfits and the Attack on Democracy (Monroe, Maine, Common Courage Press, 1999).
(c) Russell Mokhiber y Robert Weissman
(c) de la traducción: Berna Wang, 2004.

  • Original en inglés
  • 2 comentarios:

    Anónimo dijo...

    Muy buen articulo.
    Ahora a buscar el libro.

    Vladimir alberto menjivar dijo...

    Yo ya lei el libro, pero en Italiano. soy catedratico y quiero proponerlo a mis alumnos , solo que necesito saber donde puedo comprarlo y tambien como puedo ponerme en contacto con este hombre Jhon Perkins. su testimonianza nos ayuda para luchar por un mundo mejor.